lunes, 7 de marzo de 2011

Restaurante Cocodrilo

Me han encantado tanto la ilustracion,como el cuento.
Entre la ternura y el sarcasmo, Guillermo Perez Rancel, en su blog JAQUE PRIMATE nos muestra sus trabajos,agiles y llenos de humor. Este cocodrilo dolorido y consecuente, cual leon y raton, nos recuerda los beneficios de la colaboracion interespecies. Gracias por la gentileza de permitirme publicarlo aqui.

RESTAURANTE COCODRILO



A la orilla del río, un cocodrilo llorón se quejaba de sus dolores de encía. Dencía, digo, decía que al no tener dientes de oro no podía permitirse ni un blanqueado dental en el dentista. Tal roña se acumulaba en su larga mandíbula que sus lágrimas de cocodrilo y su voz lastimera alertaron a un pajarito rosado y enclenque que pasaba por ahí.
- ¿Qué te pasa, cocodrilo? ¿Lloras por lo bella que es la luna? - El pájaro era en extremo sensible.
- No digas boberías, pajarraco, me duele aquí. - dijo el viejo reptil abriendo su bocaza
- ¿Dónde, lindo amigo? Soy pequeño y para mí tu boca es como un jardín inexplorable de plantas carnívoras deseosas de hincarme el diente...
- Pues eso, pesado, los dientes me duelen.
- ¡Oh, los dientes! Qué triste coincidencia. Un carnívoro sin dientes es como una flor sin pétalos en una noche estrell...
- Cállate, pesado, tu voz de pito hace que me duelan más las encías. ¿Podrías adentrarte en mi boca y mirar cómo están mis dientes?
- Si es un truco vulgar de carnívoro hambriento no seré yo el que sospeche, pues la vida me ha hecho benévolo e ingenuo - dijo adentrándose en las fauces del animal - Oh, qué curioso, tienes acumulada entre incisivo, colmillo, molar y premolar suculentos tesoros culinarios.
El cocodrilo pensó que para ser tan delicado en las formas, aquel pájaro no gozaba de un gusto demasiado exquisito. Empezó a picotear de aquí y de allá y al cocodrilo se le fueron disipando los dolores.
- ¡Rico, rico!

Las noches siguientes la boca del cocodrilo era un festín, muchos pájaros se acercaron a probar los platos que preparaba el ya no tan pequeño pájaro, cuyo volumen había crecido perceptiblemente. Así les dijo a sus invitados:
- ¡Qué gran invento la cocina de diseño!
- No, no, no - le respondió uno de ellos - ¡Qué gran invento la simbiosis!

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